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Hodei Herreros. El cuerpo como cartografía y escenografía

Juan Francisco Rueda Garrote

Universidad de Málaga, España

 

 

El trabajo de la artista vasco-andaluza Hodei Herreros (1997), que ha irrumpido en los principales ámbitos del arte español durante los últimos años, puede someterse a revisión en el marco de este congreso gracias a los temas a los que se consagra y a las soluciones formales que adopta. De hecho, su producción puede ajustarse a varias de las líneas temáticas de Que suene a bóveda, como “Performatividades, identidades y disidencias o los cuerpos que incomodan” y “Geografías y cartografías de deseo”.
El cuerpo en la poética de Hodei adquiere condición de lugar o escenario, cosificándose, al tiempo que se fragmenta o desmiembra, en múltiples enseres que asumen el eco de lo humano. También podríamos decir que esos objetos adquieren una dimensión humana gracias a la prosopopeya y al uso de la metonimia y la sinécdoque. Esto es, elementos arquitectónicos que detonan un comportamiento propio de las relaciones personales, como cantoneras de las esquinas de Cádiz que se presentan como símbolo del abrazo y la protección; bóvedas que despliegan un catálogo de soluciones estilísticas de la Historia del arte y que se transforman en rotunda presencia antropomórfica; arcos y arpas que adquieren perfiles humanos y que besan la pared; puertas abatibles que construyen, al unirse sus hojas, un retrato sin género, como los infinitos suelos de madera en los que el machihembrado genera una alfombra de rostros. Por otro lado, los objetos parecen asumir vida, como los cálices o jarras, que se convierten en anatomía (bocas) y cartografías del deseo, ya que muchas de ellas pueden constituirse, merced a los deslizamientos formales, en zonas genitales.
Mientras tanto, el cuerpo también asume la condición de escenario y decorado, ocupando suelos y paredes. Sus instalaciones son un palimpsesto en el que, gracias a nuestra interacción y movimiento, podemos recomponer ese cuerpo enucleado. 

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